La estrategia chilena de etiquetado frontal de advertencia continúa consolidándose como una de las políticas alimentarias más influyentes a nivel internacional.
Un nuevo estudio publicado en una de las revistas médicas de mayor prestigio global aporta evidencia robusta de que la implementación de la Ley de Etiquetado logró reducir significativamente el exceso de peso en niños y niñas durante los primeros años de escolaridad, reforzando el papel de las regulaciones integrales en la prevención de la obesidad infantil.
La investigación analizó información de más de 300.000 niños de entre 4 y 6 años, convirtiéndose en el primer estudio que evalúa directamente el impacto de un paquete de políticas alimentarias sobre indicadores de peso corporal infantil. Los resultados muestran que la combinación de sellos frontales de advertencia, restricciones publicitarias y prohibición de venta de productos regulados en establecimientos educacionales generó reducciones estadísticamente significativas en la prevalencia de exceso de peso.
La Ley N.º 20.606, implementada inicialmente en 2016, introdujo los conocidos sellos negros “ALTO EN”, diseñados para advertir de manera clara cuando un alimento supera determinados límites de azúcares, sodio, grasas saturadas o calorías. A diferencia de otras iniciativas aplicadas en distintos países, el modelo chileno se caracterizó por integrar simultáneamente múltiples herramientas regulatorias dirigidas tanto al consumidor como a la industria alimentaria.
El estudio evaluó la primera fase de implementación de la normativa utilizando registros nacionales provenientes de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB). Los investigadores compararon cohortes de niños que iniciaron su trayectoria escolar antes de la entrada en vigor de la ley con aquellos que estuvieron expuestos a la regulación desde edades tempranas, permitiendo medir cambios atribuibles a la política pública.
Los hallazgos indican que los efectos más relevantes se observaron en los niños y niñas expuestos durante períodos más prolongados. Quienes estuvieron bajo la influencia de la normativa durante prekínder y primer año básico presentaron las mayores reducciones en exceso de peso. En las niñas, la probabilidad de presentar esta condición disminuyó 2,85%, mientras que en los niños la reducción alcanzó 2,40%.
Los resultados también mostraron beneficios particularmente marcados en determinados grupos poblacionales. Los hijos de madres con mayor nivel educativo, los niños con bajo peso al nacer y quienes asistían a establecimientos subvencionados registraron reducciones superiores al promedio. Asimismo, las zonas urbanas exhibieron efectos más notorios que las áreas rurales.
La relevancia de estos hallazgos adquiere mayor dimensión en un contexto global donde la obesidad infantil continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios. Organismos internacionales estiman que cientos de millones de niños y adolescentes viven actualmente con sobrepeso u obesidad, una condición asociada con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión y trastornos metabólicos durante la vida adulta.
Uno de los aspectos más destacados de la experiencia chilena es que la regulación no solo modificó decisiones de compra, sino que también impulsó una profunda reformulación de productos por parte de la industria. Durante los años posteriores a la entrada en vigor de la ley, numerosos fabricantes redujeron contenidos de azúcar, sodio y grasas saturadas para evitar la presencia de sellos de advertencia en sus envases.
La evidencia acumulada durante casi una década muestra que la combinación de etiquetado frontal, restricciones al marketing dirigido a menores y control de la oferta alimentaria en escuelas puede generar cambios sostenidos en los entornos de consumo. Para gobiernos, organismos de salud y empresas del sector alimentario, los resultados representan una referencia relevante sobre cómo las políticas regulatorias pueden contribuir a mejorar los hábitos alimentarios desde edades tempranas y reducir factores de riesgo asociados a enfermedades crónicas en el largo plazo.













