Tate & Lyle amplió su alianza estratégica con BioHarvest Sciences para impulsar el desarrollo de una nueva generación de edulcorantes de origen vegetal, en una decisión que refuerza la transformación tecnológica que atraviesa el mercado global de ingredientes para alimentos y bebidas.
La expansión del acuerdo —que amplía una colaboración iniciada en 2024— incorpora el desarrollo simultáneo de múltiples moléculas edulcorantes obtenidas mediante Botanical Synthesis™, una plataforma biotecnológica basada en cultivo de células vegetales en biorreactores. El objetivo es acelerar la llegada de soluciones capaces de reproducir con mayor precisión el perfil sensorial del azúcar, al tiempo que respondan a las exigencias crecientes de reducción calórica, eficiencia formulativa y etiquetado más simple.
La apuesta llega en un momento de redefinición del mercado mundial de endulzantes. La presión regulatoria sobre el consumo de azúcares añadidos, junto con consumidores más atentos al contenido nutricional, está llevando a fabricantes de bebidas, lácteos, panificación, snacks y alimentos funcionales a buscar alternativas que mantengan sabor y experiencia sensorial sin sacrificar desempeño industrial.
En ese escenario, las compañías sostienen que el futuro no estará dominado por una sola molécula, sino por plataformas de formulación capaces de combinar distintos sistemas edulcorantes según categoría, costo objetivo y requisitos de etiquetado. La estrategia apunta a construir un portafolio flexible donde varios ingredientes puedan actuar de forma independiente o complementaria para optimizar dulzor, cuerpo y percepción final del producto.
La tecnología de BioHarvest propone un cambio relevante respecto de la extracción agrícola convencional. En lugar de cultivar plantas completas para recuperar compuestos específicos, el sistema reproduce células vegetales seleccionadas dentro de entornos controlados de producción. Esto permite generar ingredientes botánicos no transgénicos con mayor consistencia entre lotes y menor exposición a variaciones climáticas, disponibilidad agrícola o presión sobre recursos naturales.
La plataforma acumula más de US$100 millones en inversión y cuenta con 15 patentes vinculadas al desarrollo de compuestos vegetales de alta complejidad. La compañía combina cultivo celular, procesos de inducción metabólica, herramientas de inteligencia artificial y escalamiento industrial para producir lo que define como “botánicos de precisión”, orientados a obtener perfiles más estables y escalables para aplicaciones comerciales.
Para Tate & Lyle, la expansión del programa también fortalece una trayectoria histórica en innovación de dulzor. La empresa participó en el descubrimiento de la sucralosa en 1976, llevó la alulosa a escala comercial en 2015 e incorporó stevia Reb M de alta pureza mediante procesos de bioconversión en 2018. Actualmente, el grupo opera en más de 120 países, con alrededor de 5.000 empleados y ventas anuales superiores a £2.000 millones.
La oportunidad de mercado aparece respaldada por cambios claros en el comportamiento del consumidor. Un estudio global realizado por Tate & Lyle en siete mercados mostró que más de la mitad de los encuestados planea reducir su consumo de azúcar en los próximos doce meses, ubicando esta preocupación por encima del control de calorías y grasas. Para la industria, esa señal acelera la búsqueda de ingredientes capaces de ofrecer dulzor más cercano al azúcar tradicional sin comprometer desempeño técnico ni escalabilidad industrial.













