Argentina incorporó oficialmente su primer producto lácteo con Indicación Geográfica (IG), un reconocimiento que posiciona al Queso de Tafí del Valle como referencia en la estrategia nacional de diferenciación alimentaria.
La certificación, formalizada mediante la Resolución N° 31/2026 de la Secretaría de Agricultura, marca un punto de inflexión para la cadena láctea al consolidar un modelo basado en identidad territorial, trazabilidad y valor agregado.
El nuevo estatus protege la denominación frente a imitaciones y habilita el uso del sello IG, una herramienta clave en mercados donde los atributos de origen inciden directamente en la decisión de compra. En el comercio internacional, estos sellos forman parte de acuerdos bilaterales que facilitan el reconocimiento mutuo y mejoran el acceso a nichos premium, especialmente en segmentos gourmet y de especialidad.
La producción se concentra en Tafí del Valle y El Mollar, en la provincia de Tucumán, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. Allí, las condiciones agroecológicas —altitud, amplitud térmica, calidad de pasturas y diversidad microbiana— generan un entorno singular que impacta directamente en la composición de la leche y en el desarrollo del perfil sensorial del queso.
El producto se elabora con leche bovina local bajo protocolos definidos que incluyen un período mínimo de maduración de 30 días. Se presenta en hormas cilíndricas de entre 0,5 y 3 kilogramos, con corteza natural y masa compacta, características que responden a especificaciones técnicas validadas durante el proceso de certificación.
Desde el punto de vista composicional, estudios realizados por instituciones académicas y laboratorios especializados identifican parámetros diferenciales en contenido de grasa, proteínas y perfil de ácidos grasos, asociados tanto a la alimentación del ganado como al ambiente. Asimismo, evaluaciones sensoriales con paneles entrenados confirmaron atributos distintivos: aroma láctico con notas de manteca y oliva, matices frutales y un equilibrio entre dulzor leve, salinidad moderada y ligeros tonos ácidos.
El desarrollo de la IG demandó más de una década de trabajo técnico e institucional, incluyendo relevamientos productivos, delimitación geográfica precisa y estandarización de procesos. Este esfuerzo colectivo involucró a productores, organismos públicos y centros de investigación, consolidando un modelo de gobernanza territorial orientado a garantizar consistencia y calidad.
En términos económicos, la certificación abre oportunidades concretas para mejorar el posicionamiento del producto en canales especializados, impulsar las exportaciones de pequeña escala y fortalecer circuitos cortos de comercialización. Además, contribuye a dinamizar economías regionales mediante la generación de empleo, el desarrollo de proveedores locales y la articulación con el turismo gastronómico.
El caso se integra al sistema nacional de indicaciones geográficas, que ya distingue productos como el cordero patagónico, el salame de Tandil y el aceite de oliva cuyono, ampliando el portafolio argentino de alimentos con identidad certificada.
A nivel global, las IG se consolidan como un instrumento estratégico para capturar valor en origen y responder a una demanda creciente por alimentos auténticos, con historia y respaldo técnico. En ese contexto, el Queso de Tafí del Valle no solo obtiene reconocimiento legal, sino que se proyecta como un caso testigo para el desarrollo de nuevas certificaciones en la quesería argentina.













