En una calle del centro histórico de Xalapa, un pequeño letrero de madera anuncia lo que muchos consideran un patrimonio vivo de la capital veracruzana, la Fama lleva cien años elaborando licores de frutas, vinos y toritos en barricas centenarias de roble blanco, resistiendo con oficio artesanal y fórmulas familiares el paso del tiempo y la presión de la industria masiva.
Fundada en 1925 por Enrique Benítez Herrera, la empresa pasó por varias generaciones hasta que en 1967 Salvador Martínez Benítez asumió su administración. Desde entonces, el actual propietario ha mantenido intacto el principio que distingue a La Fama de cualquier productor industrial: la maceración prolongada de frutas de temporada y de la región en barricas de roble, seguida de la adición de azúcar y alcohol de alta calidad. Un proceso que puede extenderse varios meses por lote y que no admite atajos sin sacrificar el resultado.
Su catálogo refleja la biodiversidad del trópico veracruzano: licores de nanche, café, mora, higo, almendras, guanábana, naranja, tejocote, maracuyá, zapote y nogal, entre otros. A estos se suman los toritos —bebida típica de Veracruz elaborada con leche, alcohol y saborizantes naturales— en versiones de guanábana, cajeta, café, pistache, mango, nuez de macadamia, coco y cacahuate. El licor de nanche es, en la actualidad, el más solicitado por su clientela habitual.
Lo que distingue a La Fama no es solo su longevidad, sino la vigencia de su método. La maceración de frutas en alcohol extrae compuestos fenólicos, antioxidantes y aromas volátiles que no pueden replicarse en procesos industriales acelerados. Las barricas de roble blanco, por su parte, aportan taninos y microoxigenación al líquido durante el reposo, afinando perfil y cuerpo. Algunos de sus licores de herbolaria —como el de anís, zacate amargo o verde de Xico— mantienen alta demanda entre una clientela que les atribuye propiedades digestivas e intestinales, usos que la medicina tradicional mexicana ha documentado durante siglos.
El momento en que La Fama cumple su centenario coincide con un mercado que, paradójicamente, le da la razón. El segmento de bebidas espirituosas artesanales en México alcanzó un valor de 443 millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegue a más de 3.000 millones de dólares hacia 2033, impulsado precisamente por consumidores que buscan autenticidad, procesos transparentes y vínculo con el territorio. El mercado total de licores en el país supera los 8.300 millones de dólares en 2025 y crece a una tasa del 5,2% anual, con la premiumización como tendencia estructural.
En ese contexto, el modelo de La Fama —producción limitada, ingredientes locales, proceso verificable— se alinea con lo que los profesionales del sector denominan "valor de origen": la capacidad de una bebida para narrar el lugar y la tradición que la producen. Es exactamente lo que Salvador Martínez ha protegido durante casi seis décadas al frente del negocio.
Al celebrar el centenario en noviembre pasado, Martínez fue claro sobre el futuro: la continuidad dependerá de sus nietos y del compromiso que estén dispuestos a asumir. "Cada empresa requiere compromiso, y más cuando es centenaria", afirmó. La frase resume sin adornos el peso de mantener viva una fábrica que, en tiempos de producción masiva y marketing algorítmico, sigue funcionando como siempre: con fruta, tiempo y barricas que ya tienen más años que el negocio mismo.













