La franquicia mexicana Pasteko fue distinguida como la Mejor Franquicia de Alimentos y Bebidas 2026 por la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), un reconocimiento que la posiciona como uno de los modelos más sólidos dentro del ecosistema de franquicias en el país.
Con más de 160 unidades operativas y un ambicioso plan de expansión, la marca consolida una propuesta basada en estandarización, eficiencia productiva y consistencia.
El origen de Pasteko se remonta a una observación de mercado más que a una tradición gastronómica directa. Sus fundadores, provenientes del sector farmacéutico, identificaron durante sus recorridos laborales una fuerte asociación entre la ciudad de Pachuca y el consumo de pastas, un alimento con raíces en la migración minera británica del siglo XIX. Ese hallazgo derivó en la conceptualización de un negocio capaz de transformar un producto regional en una oferta replicable a escala nacional.
El desarrollo inicial fue progresivo. Durante su primer año de operación, el punto de venta funcionó como laboratorio para perfeccionar recetas, procesos y tiempos de producción. En ese período, la empresa producía cerca de 80 piezas diarias, enfocadas en un mercado cautivo. Actualmente, la capacidad productiva alcanza aproximadamente 50.000 unidades por día, resultado de la optimización de procesos, la inversión en infraestructura y la implementación de controles de calidad más rigurosos.
El modelo operativo de Pasteko se sustenta en un sistema centralizado de producción. La empresa elabora las pastas en planta bajo condiciones controladas de inocuidad, temperatura y estandarización de ingredientes, utilizando cadenas de frío que garantizan la estabilidad del producto hasta su punto de venta. Este esquema reduce la variabilidad, mejora la vida útil y asegura la homogeneidad en atributos como textura y humedad.
En términos técnicos, el paste se caracteriza por una masa horneada con rellenos que combinan proteínas, carbohidratos y grasas en proporciones equilibradas. La estandarización de formulaciones permite controlar parámetros como actividad de agua y pH, factores clave para la seguridad alimentaria y la conservación del producto. Asimismo, la cocción final en punto de venta contribuye a preservar características organolépticas como crocancia y aroma.
Otro eje estratégico ha sido el desarrollo del capital humano. Pasteko ha implementado programas internos de capacitación enfocados en operativos, control de calidad y gestión de puntos de venta, promoviendo la profesionalización del personal y su participación en la mejora continua.
En el mercado, la marca también trabaja en reposicionar la pasta como un alimento competitivo dentro de la oferta gastronómica mexicana. La incorporación de ingredientes seleccionados, la diversificación de sabores y formatos, apunta a ampliar su atractivo entre consumidores urbanos y segmentos jóvenes.
Con este reconocimiento, Pasteko no solo valida su modelo de negocio, sino que se consolida como un caso representativo de cómo un producto tradicional puede evolucionar hacia un sistema industrializado sin perder identidad ni calidad.













