Uruguay no produce cacao en grano, pero comienza a posicionarse dentro de la cadena global como un actor relevante en la transformación industrial. En un contexto de fuerte corrección en los precios internacionales, el país identifica una ventana de oportunidad para procesadores y exportadores, aunque la volatilidad del mercado obliga a una lectura estratégica y cautelosa por parte de la industria alimentaria.
El cacao, derivado de la especie Theobroma cacao, es un cultivo típicamente tropical que se desarrolla en regiones con alta humedad y temperaturas estables. Esto explica la concentración de la producción primaria en África occidental, Indonesia y países de América Latina como Ecuador. Uruguay, por sus condiciones agroclimáticas, no participa en esta etapa, pero ha desarrollado capacidades industriales para importar materia prima y transformarla en productos de mayor valor agregado.
En este escenario se destaca la operación de Cacao del Plata, perteneciente al grupo F. Pache. La planta, ubicada en Canelones, procesa torta de cacao importada principalmente desde Ghana, Nigeria y Costa de Marfil, generando polvos de cacao alcalinos y naturales destinados a mercados del Mercosur y otros destinos internacionales. La instalación cuenta con una capacidad de 12.000 toneladas anuales, aunque actualmente opera en torno a las 4.200 toneladas.
Según la Cámara de Industrias del Uruguay, se trata de la principal fábrica de cacao en polvo de uso industrial del país, con exportaciones a más de 15 mercados y certificación FSSC 22000, un estándar reconocido en sistemas de gestión de inocuidad alimentaria. Su producción abastece segmentos como panadería, lácteos, confitería, helados, galletas y bebidas achocolatadas, consolidando su rol como proveedor de ingredientes para la industria.
El crecimiento de esta operación ha estado acompañado de inversiones relevantes. El grupo F. Pache destinó aproximadamente 2,5 millones de dólares a la ampliación de su capacidad productiva, con el objetivo de incrementar en 40% su volumen mensual. Además, proyecta una nueva planta cercana a los 7 millones de dólares para avanzar hacia el procesamiento directo desde el grano, lo que permitiría capturar mayor valor dentro de la cadena. Actualmente, cerca del 95% de su producción se exporta, con fuerte presencia en Brasil y Argentina.
El contexto internacional ha cambiado de forma significativa. Tras un rally histórico en 2024, que elevó los precios del cacao a niveles récord, el mercado experimentó una caída superior al 70%. Este ajuste respondió a una combinación de factores, incluyendo la contracción de la demanda, reformulaciones en productos y un aumento en la oferta global. La producción mundial para la temporada 2024/25 se estima en 4,728 millones de toneladas, con un superávit cercano a 75.000 toneladas.
La caída de precios, que llevó las cotizaciones a niveles cercanos a 3.300 dólares por tonelada, generó acumulación de inventarios en países productores y ajustes en la industria. Para Uruguay, esta situación implica menores costos de importación de materia prima, aunque no necesariamente se traduce de forma inmediata en mayores márgenes, debido al uso de inventarios adquiridos a precios más altos.
A nivel industrial, el impacto también se refleja en cambios en formulaciones. La reducción del contenido de cacao o el uso de sustitutos de manteca de cacao ha ganado terreno en algunos mercados, particularmente en Europa y Asia, donde se han observado caídas en la molienda y una demanda más débil.
En este contexto, Uruguay fortalece su posicionamiento como hub regional de ingredientes, apoyado en ventajas logísticas, estabilidad institucional y regímenes como la admisión temporaria. Las exportaciones de cacao y sus preparaciones alcanzaron cerca de 36,9 millones de dólares en 2024, muy por encima del segmento de chocolate terminado.
La estrategia del país apunta a consolidarse en etapas de valor agregado, con foco en calidad, certificación y eficiencia industrial, en un mercado global marcado por alta volatilidad, presión sobre productores y consumidores cada vez más sensibles al precio.













