La séptima edición de la Feria del Queso de Bola de Chetumal consolidó a este evento como uno de los principales motores de promoción gastronómica del sur de México, durante el fin de semana, más de 10 mil visitantes recorrieron la avenida
De los Héroes para degustar una oferta culinaria que superó los 100 productos elaborados a partir de este ingrediente emblemático del Caribe mexicano.
El queso de bola, conocido internacionalmente como queso tipo Edam, tiene una larga historia de arraigo en la península de Yucatán. Introducido durante la época colonial a través del comercio marítimo, este producto de origen europeo se integró a la cocina regional hasta convertirse en un insumo identitario. Su composición —alto contenido de grasa láctea y proteínas, con una textura semidura— permite aplicaciones versátiles tanto en preparaciones dulces como saladas.
En la feria, esta versatilidad se tradujo en una amplia gama de propuestas: desde clásicos como marquesitas y esquites hasta innovaciones como helados artesanales, bebidas saborizadas, snacks y reinterpretaciones de platillos tradicionales. La diversidad de formatos refleja una tendencia creciente en la industria gastronómica regional: la revalorización de ingredientes tradicionales mediante técnicas contemporáneas.
El evento también funcionó como vitrina para productores locales y cadenas de valor emergentes. Participaron emprendedores con el distintivo “Hecho en Quintana Roo”, representantes del sector restaurantero afiliados a la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) en la región Chetumal-Bacalar. A ellos se sumaron productores vinculados a programas de desarrollo rural, lo que permitió articular una oferta que combina tradición, innovación y sostenibilidad.
La integración de estos actores responde a una dinámica que se observa en múltiples mercados latinoamericanos: el fortalecimiento de ecosistemas gastronómicos locales como estrategia para generar valor agregado. En este contexto, eventos temáticos como la Feria del Queso de Bola no solo estimulan el consumo inmediato, sino que también posicionan productos regionales en circuitos turísticos y comerciales más amplios.
Además del componente gastronómico, la feria incorporó experiencias culturales y turísticas. Destacó la denominada ruta cultural interactiva, un recorrido diseñado para conectar la oferta culinaria con la historia y el patrimonio de Chetumal. Esta iniciativa incluyó visitas a puntos clave como el Muelle Fiscal, donde estudiantes de turismo realizaron representaciones narrativas inspiradas en la cosmovisión maya, integrando elementos de storytelling al recorrido.
Este tipo de activaciones responde a una tendencia global en el turismo gastronómico: la búsqueda de experiencias inmersivas que vinculen alimentos con identidad, territorio y narrativa. Según datos recientes de organismos internacionales, el turismo culinario representa un segmento en expansión, con viajeros que destinan hasta un 30% de su gasto total a experiencias relacionadas con la comida.
Desde una perspectiva nutricional, el queso de bola aporta proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas liposolubles. Sin embargo, su contenido de sodio y grasas saturadas exige un consumo moderado, especialmente en preparaciones que incorporan azúcares o harinas refinadas. Esta dualidad entre valor nutricional y densidad calórica plantea desafíos para la innovación en productos más equilibrados, una línea que algunos emprendedores ya comienzan a explorar mediante versiones reducidas en grasa o combinaciones con ingredientes vegetales.
Deur Briceño Valadéz, presidente del Circuito Gastronómico de la Península de Yucatán, destacó que la feria se ha convertido en una plataforma que articula gastronomía, cultura y convivencia social. Subrayó que el evento impulsa la creatividad culinaria y fomenta el emprendimiento, al tiempo que promueve la apropiación del espacio público.
Con una asistencia en crecimiento y una propuesta cada vez más diversificada, la Feria del Queso de Bola de Chetumal se posiciona como un caso relevante de cómo un producto tradicional puede convertirse en eje de desarrollo económico, turístico y cultural en la región.













